Carlos Cabrera, 30 años, estudió Derecho y «tras seis años de noviazgo, en una adoración eucarística escuché la voz del Señor con la pregunta: “¿y tú, no deberías ser sacerdote?”»

* «Es curioso pero, donde más claro he visto el deseo de ser sacerdote, ha sido viendo a otras familias. No tanto por una envidia, sino porque quiero que toda mi vida sea para que estos puedan vivir, para que matrimonios puedan estar unidos a Cristo, puedan ser fecundos. Viendo matrimonios que quieren ser santos he visto mi vocación al sacerdocio. Viendo a sacerdotes que quieren vivir la santidad, he dicho: yo quiero vivir como este hombre, yo quiero ser eso, el Señor me pide esto. No es una renuncia a formar una familia; es una apertura a la vida para decir: toda mi vida para estos, toda mi vida para todo el que lo necesite»

* «Preguntarse qué quiere Dios de mí es lo normal para un cristiano. Una frase que a mí me ayudó en el proceso de discernimiento es esa de Juan Pablo II que dice «si sientes la llamada de Dios que te dice ¡sígueme!, no la acalles». Que el Señor te pida la vida es el camino de felicidad que tiene para ti. Nunca vas a ser más libre que cuando te pones en manos de Dios. Dios con la vocación da el don para vivirlo»

Camino Católico.  Carlos Cabrera tiene 30 años, es de República Dominicana, pero vive en Madrid desde hace más de nueve. Estudió Derecho e hizo un máster después. Viene de una familia católica, tiene siete hermanos, aunque no son muy practicantes. Llevaba saliendo con una chica guapísima y estupenda seis años, querían casarse y formar una familia. A mes y medio de la pedida, en una jornada de oración por las vocaciones, el Señor le dio la vuelta a su vida como a una tortilla, y por primera vez oyó en su interior: “¿y tú, no y tú, no deberías ser sacerdote?”.

A partir de ahí, su vida ha sido un darse a Dios y a los demás con una alegría que nadie le podrá arrebatar: la felicidad que se experimenta al cumplir la misión a la que Dios le ha llamado, ser sacerdote.  El 16 de junio de 2019 recibió la ordenación diaconal. Ahora se prepara para ordenarse sacerdote y en esta entrevista en Arguments habla de sus miedos, sus ilusiones, sus preocupaciones, cómo reaccionó su familia y qué fue lo que más le ayudó en el proceso de discernimiento vocacional.

Carlos Cabrera en el Monte Tabor. Foto de Instagram @carloscabrerar

– Estabas a punto de comprometerte y casarte, pero el Señor tenía otros planes… ¿Cuándo empezaste a plantearte la vocación al sacerdocio?

El Señor me fue preparando con la cotidianidad de la vida cristiana: Misa diaria, Confesión frecuente, trato con familias católicas… Tras seis años de noviazgo con una chica guapísima y estupenda con la que pensaba casarme y formar una familia, a un mes y medio de la pedida, Dios me dio la vuelta a todo como a una tortilla. Fue precisamente en medio de una adoración eucarística, en una jornada de oración por las vocaciones, cuando Dios me tocó el corazón por primera vez escuché la voz del Señor con la pregunta: “¿y tú, no deberías ser sacerdote?”

– ¿Qué es lo que más te ha ayudado en tu proceso de discernimiento?

Es curioso pero, donde más claro he visto el deseo de ser sacerdote, ha sido viendo a otras familias. No tanto por una envidia, sino porque quiero que toda mi vida sea para que estos puedan vivir, para que matrimonios puedan estar unidos a Cristo, puedan ser fecundos. Viendo matrimonios que quieren ser santos he visto mi vocación al sacerdocio. Viendo a sacerdotes que quieren vivir la santidad, he dicho: yo quiero vivir como este hombre, yo quiero ser eso, el Señor me pide esto. No es una renuncia a formar una familia; es una apertura a la vida para decir: toda mi vida para estos, toda mi vida para todo el que lo necesite.

– ¿Y por qué sacerdote? ¿No podías haber seguido con tu novia, ser bueno y ya?

No es algo que yo haya buscado ni por mis puños, ni me lo he fabricado, ni porque lo haya buscado. Es el camino de felicidad que Dios ha pensado para mí, y yo quiero ser feliz y si esta es la plenitud de vida que el Señor me ofrece, ¡pues ahí que voy!

Cuando el Señor te coge el corazón por entero, te pide que toda tu vida sea entregado para todos, como Él, a mí me ha cogido el corazón. Me ha enamorado de la vida que Cristo tiene para mí, que es la vida sacerdotal, donde todo mi tiempo es para estar unido a Cristo y estar unido a todos los hombres.

– ¿Cómo reaccionó tu familia?

Carlos Cabrera bautizando. Foto de Instagram @carloscabrerar

Cuando les di la noticia de que dejaba a mi novia y entraba en el seminario a mi familia fue un momento muy duro. Ninguno de mis hermanos ni mis padres se lo tomaron bien. Una de mis hermanas me decía después de la ordenación que cuando les di la noticia y me despedí, estuvo llorando horas, porque el hermano con el que había disfrutado, salido de fiesta… se había muerto.

Ahora, después de verme ordenado, han visto que el plan de Dios para mí pasa no solo porque yo sea sacerdote, sino que ellos sean padres, hermanos de un sacerdote; y eso a ellos les está llenando su vida. Mi petición era que cada día mi familia pudiera vivir con el amor y la alegría con el que yo estoy viviendo mi vocación.

– ¿Te agobia no estar a la altura?

Lo más humano es decir que te entra de todo cuando ves lo grande de este don. Te entra el agobio de no estar a la altura, te entra la impresión al ver que hay mucha gente que te está confiando lo más íntimo de su corazón, de su vida. Y es como lo que dice la Escritura: «descálzate porque estás entre tierra sagrada». Y no me agobia, porque sé que lo hace el Señor. La pregunta es: ¿estás dejando que sea en ti? Que sea Dios en ti, que sea Cristo en Ti. Le intento pedir al Señor que sea en Él, y creo que poco a poco el Señor lo va haciendo.

– ¿Cómo te sientes cuando la gente te abre su corazón?

– Es impresionante cómo la gente puede ver en ti al Señor. Caminar por la calle ya es un signo. Solo por el hecho de caminar por la calle vestido con clériman ya eres un signo de Cristo. Es un privilegio porque eres testigo de primera mano del milagro de Dios. De cómo poco a poco el Señor va enamorando ese corazón, lo va sanando, llenando de amor, y eso es una maravilla.

-¿Cómo llevas lo de ir vestido de negro?

– Para mí es importantísimo dar testimonio de Jesucristo. Y eso implica manifestarlo también externamente, vistiendo con el clériman. Y a veces es muy duro, porque a veces la gente te insulta por la calle. También te unes a Cristo en su Pasión. Pero hoy más que nunca es importante llevar a Cristo sin hablar, llevar a Cristo en el cuerpo. Yo llevo a Cristo con mi cuerpo vestido de sacerdote.

Cuando veo a un sacerdote andando por la calle y lo puedo reconocer, puedo dar gracias a Dios. Gracias Señor porque sigues llamando; gracias porque no nos deja solos, nos sigue dando sacerdotes. Mi deseo es que los demás al verme puedan decir: ahí va la misericordia de Dios, el Amor de Dios que se da a los hombres. Y que puedan decirlo no solo por mi forma de vestir, sino también por mi forma de vivir.

¿Has tenido miedo?

– He tenido miedo sobre todo por la inmensidad del ministerio. Y si fallo, ¿qué? Ante esta alarma que ha surgido en la Iglesia, de sacerdotes que por su pecado han podido caer en desgracia y han hecho tanto daño a la Iglesia por no estar unidos a Cristo… mi miedo es ése.

Hay una oración secreta que hace el sacerdote cuando termina la consagración que dice: «Y no permitas que nunca me separe de Ti». Esta es mi oración todos los días: pedirle que nunca me separe de Él, que nunca sea pescándolo para la Iglesia, que nunca por mí el Señor siga crucificado, sino que resucite y de vida. Y espero poder algún día rezarla como sacerdote. Y se lo pido todos los días al Señor. Y este es mi miedo.

Pero el spoiler es que Cristo ha vencido y lo he visto en mi vida. Esa es mi alegría; que he visto a Dios en mi historia, en mi noviazgo, en el seminario, en mi vida. Y lo veo cada día, lo veo en la Iglesia vivo y esa es la garantía.

¿Qué podemos hacer nosotros por los sacerdotes?

Quererles y rezar por ellos. Rezar para que seamos santos, para que Dios nos conceda la fidelidad. Cuidarles, quererles, acompañarles. Verlo como un don. Y pedirle que siga mandando muchos y santos; y que los que estamos en camino lleguemos a serlo.

– ¿Qué le dirías a una persona que se está planteando la vocación?

Preguntarse qué quiere Dios de mí es lo normal para un cristiano. Una frase que a mí me ayudó en el proceso de discernimiento es esa de Juan Pablo II que dice «si sientes la llamada de Dios que te dice ¡sígueme!, no la acalles». Que el Señor te pida la vida es el camino de felicidad que tiene para ti. Nunca vas a ser más libre que cuando te pones en manos de Dios. Dios con la vocación da el don para vivirlo.

Fuente:Arguments
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