Mark y Louise Zwick, matrimonio fundador de la casa de acogida de migrantes Juan Diego en Houston: «No podíamos rechazar a Jesús en los pobres cuando Él se presenta a la puerta»

«Pudimos haber sido arrestados por recibir a refugiados que no tenían papeles en los Estados Unidos, pero sentíamos que teníamos que correr el riesgo. Estaban escapando de una situación de opresión muy violenta, y no podíamos quedarnos ahí de brazos cruzados ignorando su súplica»

«A través de varios años, la casa creció y se convirtió en diez casas y más y más gente era atendida. Muchos voluntarios se unieron al trabajo, algunos viviendo en las casas y otros haciendo trabajo voluntario algunas horas o algunos días a la semana»

16 de julio de 2014.- (Jaime Septién / El Observador de la Actualidad  / Aleteia / Camino Católico)  Mark y Louise Zwick son los fundadores de una de las experiencias más impactantes en lo que se refiere a las casas de acogida de los migrantes en Estados Unidos.  Concretamente en una de las ciudades más grandes de ese país, Houston, en el Estado de Texas: la Casa de Hospitalidad Juan Diego.

Como parte del movimiento del Trabajador Católico, Mark y Louise Zwick cuentan los orígenes, las ideas, los éxitos, los sinsabores y la tremenda alegría de ayudar, aprendiendo de ellos, a los migrantes en su camino hacia los Estados Unidos, hacia un futuro mejor. Lo hacen en el vídeo con su propia voz y en esta entrevista escrita.

– ¿De dónde surge todo el trabajo que por más de 40 años llevan haciendo ustedes?  ¿Qué los movió a cambiar su destino profesional?

– Teníamos todo; o teníamos lo usual para ser gente de clase media: cuatro recámaras, tres baños, dos bebés, dos autos, dos cuentas de banco y un buen salario. La gente nos respetaba en las puertas de la ciudad, como dice la Biblia. Mark tenía una maestría como trabajador social y Louise regresó a la universidad y obtuvo su maestría en biblioteconomía. ¿Qué seguiría después? ¿Una cabaña en el lago, una lancha grande, seis cuartos, un Mercedes, una parroquia de clase alta? Sospechábamos, sin embargo, que había más que esto en la vida.

Sabíamos del Movimiento del Trabajador Católico, fundado por Dorothy Day y Peter Maurin y fuimos inspirados por él. Pensamos en empezar una casa de Hospitalidad del Trabajador Católico algún día.  Creíamos en este modelo de vivir el Evangelio, implementando Mateo 25, donde el Señor nos enseña que cuando  ayudamos a los pobres, lo ayudamos a Él mismo.

– Luego vino la experiencia de El Salvador, ¿no es así?

– Sí.  En 1977 fuimos a El Salvador con nuestros dos hijos para vivir con los pobres, aprender acerca de la Iglesia en ese lugar, y mejorar nuestro español. Fuimos a trabajar con un sacerdote, el padre Bernard Survil. Vendimos nuestras pertenencias. Conservamos un coche. Lo llenamos con 200 libros para niños (para que pudieran tener algo que leer cuando fueran a la escuela, aprendiendo español), dos violines y algunas cosas para casa.

Sabíamos que la vida en otro país sería difícil para los niños, Jennifer y Joachim (en primer y tercer grado respectivamente), pero se habían convertido en buenos lectores y por lo menos tendrían libros que leer en su idioma mientras empezaban a aprender español.

No sabíamos que llegaríamos en el principio de una guerra civil, donde los escuadrones de la muerte rondaban las calles y la gente común y corriente, especialmente los católicos, estaban en riesgo, donde los hombres jóvenes eran reclutados por el ejército para los comienzos de una guerra que no entendían. Después de algunos meses, fue muy claro que teníamos que dejar El Salvador con nuestros hijos. Era muy peligroso para ellos. Nos fuimos a Guatemala, donde estudiamos español durante un par de meses, y luego a Texas, donde trabajamos en servicios sociales en una parroquia de Houston.

Muy pronto los refugiados de Centroamérica empezaron a llegar en grandes cantidades a la ciudad. No tenían a donde ir. La gente venía a la parroquia para pedir ayuda. Sentimos que teníamos que responder.

– ¿Las semillas de vivir en el Salvador germinaron en la fundación de Casa Juan Diego?

– Sabíamos que podíamos comenzar, empezar una Casa de Hospitalidad para los refugiados. No necesitábamos mucho dinero para hacerlo, porque en el Trabajador Católico no hay salarios. Uno no necesita permiso para empezar una Casa de Hospitalidad. La idea es empezar y tratar de vivir el Evangelio y dar su trabajo como un regalo, viviendo y trabajando en las casas – también conocido como pobreza voluntaria. La costumbre es publicar un periódico, o por lo menos una gaceta, para que la gente sepa lo que está haciendo y correr la voz acerca de la tradición de la Iglesia y de las enseñanzas sociales del catolicismo.

Cuando Dorothy Day le preguntó a Peter Maurin de dónde sacaría el dinero para las Casas de Hospitalidad y el periódico, él le dijo: “Muy fácil. Sólo usemos el método de los santos. Rezar, decirle a la gente lo que está haciendo, y ellos ayudarán.”

– ¿En dónde comenzó la Casa de Hospitalidad Juan Diego?

– Mark rentó lo que él llamaba el edificio más feo de Houston, y empezamos a recibir a los refugiados. Era muy simple, era un edificio pobre, pero sacaba a la gente de las calles hasta que pudieran encontrar un trabajo o recuperarse de una enfermedad.

Teníamos a nuestros hijos, y teníamos que pensar en ellos, así que Louise empezó a trabajar como bibliotecaria de niños en la Biblioteca Pública de Houston,  en donde trabajó los primeros años de Casa Juan Diego mientras se  organizaba las Obras de Misericordia para los refugiados de El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Cuando nuestros hijos crecieron, pudimos estar en el trabajo de tiempo completo.

– Era –y es—un trabajo arriesgado…

– Pudimos haber sido arrestados por recibir a refugiados que no tenían papeles en los Estados Unidos, pero sentíamos que teníamos que correr el riesgo. Estaban escapando de una situación de opresión muy violenta, y no podíamos quedarnos ahí de brazos cruzados ignorando su súplica. Muchos de los que llegaron en los primeros años eran niños adolescentes, que caminaron por varios países para llegar a Estados Unidos.  Supimos que no podíamos rechazar a Jesús en los pobres cuando Él se presenta a la puerta.

– ¿Dónde están ahora las casas de acogida y cuál es su modelo de atención a los migrantes?

– A través de varios años, la casa creció y se convirtió en diez casas y más y más gente era atendida. Muchos voluntarios se unieron al trabajo, algunos viviendo en las casas y otros haciendo trabajo voluntario algunas horas o algunos días a la semana.

Mujeres embarazadas inmigrantes venían a pedir ayuda. Mujeres maltratadas venían a pedir ayuda. Inmigrantes de otros países empezaron a pedir ayuda, por ejemplo hondureños, cubanos y hasta algunos de África y China. Empezamos, entonces, una clínica médica con doctores voluntarios. 

Trabajamos con Cáritas Católicas y otras agencias para proveer servicios legales para refugiados y para el pequeño porcentaje de inmigrantes que tienen la oportunidad de legalizarse.

– ¿Qué tipo de reforma migratoria sería la que de verdad apoyaría a los migrantes y sus familias, salvaguardando la seguridad nacional de Estados Unidos?

– La reforma migratoria debería tomar en cuenta las causas de la migración. El reporte del Comité de Migración de la Conferencia Católica de Obispos de Estados Unidos, Mission to Central America: The Flight of Unaccompanied Children to the United States (Misión a Centroamérica: la huida de los niños que viajan solos a Estados Unidos), describe al detalle la situación que lleva a los centroamericanos, especialmente los jóvenes, a migrar.

Estados Unidos enfrenta responsabilidad por el legado de violencia de las guerras en Centroamérica y nuestro rol en ellas, y por la marginalización de tanta gente joven, agravada con los años por la participación de corporaciones multinacionales en la industria de las frutas y de la minería y los más recientes tratados de libre comercio. Es sólo justo tratar de ser parte de la solución para los marginados en lugar de simplemente rechazarlos y deportarlos.

Una reforma migratoria integral, incluyendo un camino hacia la ciudadanía, es una respuesta práctica y justa a la situación de millones de personas indocumentadas que viven y trabajan en Estados Unidos,  pero difícil de lograr con la situación política actual.

Especialmente ahora, con la crisis de miles de niños migrando solos, no podemos ignorar esta petición. Las palabras y el ejemplo del Papa Francisco en referencia a los refugiados y a los migrantes nos inspiran.

¿Cuál es su opinión de los intentos por lograr una reforma migratoria integral de la Iglesia católica en Estados Unidos?

– Los obispos católicos estadounidenses juegan un papel de liderazgo muy positivo en cuestiones de inmigración. Ésta es una cuestión de justicia y también un enfoque práctico, porque muchos miembros de la Iglesia son hispanos y el futuro de la Iglesia en los Estados Unidos es hispano, pronto se reflejará en una mitad del porcentaje de los católicos de nuestro país.

¿Podrían contarnos una historia de éxito de la Casa Juan Diego?

– Hay muchísimas historias de éxito en maneras pequeñas. Podemos poner algunos panes y peces, y con la ayuda del trabajo de los inmigrantes el Señor los transforma.

¿Qué necesidades perentorias tienen ahora mismo?

– En los últimos años estamos recibiendo muchos enfermos y heridos. En Estados Unidos, un ciudadano con discapacidad puede recibir ayuda del Gobierno y en algunos estados hay leyes de compensación para trabajadores heridos en el trabajo. Los indocumentados no pueden recibir los pagos de incapacidad del gobierno federal y no hay leyes a favor de trabajadores en Texas.

Los hospitales de Houston nos llaman a ayudar con los gastos para vivir de las personas paralizadas de accidentes o con derrames, a las personas que han perdido una pierna o están en diálisis. La persona enferma no puede trabajar y la persona que la cuida tampoco puede.

Ahora estamos sosteniendo 120 familias o individuos, más que los que viven en nuestras casas de hospitalidad. Es un desafío grande, pero la comunidad ayuda.

Para profundizar más en el problema de los migrantes lee el especial de Aleteia pinchando sobre el banner: