Therese Nguyen Thi Giang no conocía a Dios, quería ser maestra, conoció a unas religiosas, se bautizó y es monja: «Jesús es el amor de mi vida y me ha cambiado con su amor»

* «Durante 13 años de ser católica, he sido bien atendida por Dios en cuanto a la fe y a los aspectos humanos. Para mí, seguir a Dios es una gracia y un regalo invaluable, que no se puede adquirir con dinero. No es solo oír y ver, sino tocar a Dios, como en la historia de Job en las Escrituras. Todos los acontecimientos son regalos y todo lo que aprendo en cada situación lo acojo para crecer. Sin el coraje de aceptar lo que nos sucede y aprender, no tendremos experiencia personal de cuál es la voluntad de Dios para cada uno. La oración y el silencio son mis armas y mi fuerza para superar los retos y obstáculos. Mirando hacia Dios, estoy en paz y feliz y me siento amada. Veo que el cristianismo es la religión del amor y de las personas que se aman. La fuerza de nuestra fe es el amor y si perdemos el sabor del amor, perdemos el carácter de nuestra religión. Es este amor el que me impresiona»

Camino Católico.-  Therese Nguyen Thi Giang es Vietnamita y acaba de hacer sus votos perpetuos el 4 de junio de 2022  en la Congregación de las Amantes de la Santa Cruz de Phat Diem. Nunca tuvo como proyecto de vida ser religiosa porqué nació en una familia que no es católica y en su país no conocía a nadie que lo fuera. Quería ser maestra para trabajar con niños en áreas desfavorecidas pero las circunstancias de su vida la llevaron a conocer a una monja que le propuso ayudarla, aunque sus padres no se lo permitieron. Pero el papel de esa religiosa fue crucial para Therese, puesto que la acabó llevando al convento donde convivió con todas las hermanas y “encontré pleno amor profundo entre las monjas. Dios era su principal motivación. Fascinada por su buena vida, decidí tomar cursos de catecismo y abrazar el catolicismo”.

Después de terminar la escuela secundaria y bautizarse en 2008, Therese quería dedicarse a la vida religiosa para poder ser como las monjas. En ese momento, no tenía experiencia directa de Dios y aún no lo había conocido. “Fui enviada a la Congregación de las Amantes de la Santa Cruz en Phat Diem y mi vocación a la vida consagrada realmente comenzó a crecer. Aunque encontré varias dificultades y desafíos, gracias a la gracia de Dios, estoy en la congregación y soy monja” dice en su testimonio de conversión y vocación en Phatdiem. Esta es su historia contada en primera persona. 

«Jesús vino a mí, me llamó y me atrajo»

En la vida, muchos tienen amor romántico por una o algunas personas y al final contraen matrimonio con una de ellas.

Yo también gozo de una relación romántica con un hombre llamado Jesús. Él es el amor de mi vida y ha cambiado mi vida con su amor que es poderoso y tan extraordinario, que no puede haber una segunda persona en este mundo porque él es mi amor absoluto y único.

Es él quien vino a mí, me llamó y me atrajo para cantar «Señor, el Dios de mi salvación, a ti clamo de día, de noche clamo en tu presencia».

Nací y crecí en una familia que no es católica. No conocía a Jesús, puesto que pocos católicos vivían cerca de mi casa en una provincia del norte de Vietnam, y solo veía en la televisión a actores y actrices que interpretaban personajes de monjas y sacerdotes.

Cuando terminé el noveno grado y tenía 15 años, tuve que irme de casa y trabajar para mantener a mi familia en Saigon (Ho Chi Minh City). Trabajé para una empresa local durante dos años usando el nombre de mi hermana porque no tenía la edad suficiente para presentar mi currículum.

Todavía tenía un deseo ardiente de seguir estudiando y quería ser maestra para trabajar con niños en áreas desfavorecidas. Un día, el dueño de la pensión me presentó a su hermana que era monja. Ella me invitó a ayudarla en algunos trabajos durante el día y asistir a la escuela secundaria por la noche.

Me llené de gozo con estas buenas noticias de la religiosa y sjus propuestas para mí, pero mis padres se negaron a permitirme seguir estudiando argumentando sus propios motivos.

La hermana Therese Nguyen Thi Giang, primera por la derecha, con otra hermanas en su ceremonia de votos perpetuos el 4 de junio de 2022 / Foto: Phatdiem

Después de rechazar la oferta de la religiosa dos veces, ella me visitó y la acompañé a su convento. No informé a mis padres sobre mi decisión. Al principio estaba muy irritada por las normas del convento. Había estado libre afuera y no conocía a Dios, pero luego tuve que amoldarme y respetar las normas, pedir permiso antes de salir, vestirme bien y cosas por el estilo. Fue horrible para una mujer de 18 años como yo.

Me sentí casi aislada del mundo exterior y de mis amigos. Mis compañeros de clase me aconsejaron que me fuera a vivir a otro lugar, para que pudieran contactarme fácilmente y hablar conmigo sobre los estudios. También prometieron encontrarme una pensión adecuada y un mejor trabajo, pero nunca dejé a las monjas. Sabía que las monjas realmente me amaban y Dios me sostuvo allí. Al vivir con ellas, me atrajo su amoroso cuidado por todas las personas, independientemente de su origen. Quedé profundamente impresionada y conmovida por su vida.

Me gustaba mirar las estrellas en las noches de cielo raso y despejado como un divertido pasatiempo. Esta fue una oportunidad para mí de pensar en mi vida, en las hermanas religiosas y la voz que susurraba en mi corazón. Encontré pleno amor profundo entre las monjas. Dios era su principal motivación.

Fascinada por su buena vida, decidí tomar cursos de catecismo y abrazar el catolicismo. No le conté a mi familia sobre mi conversión hasta el día antes de ser bautizada en 2008. Mi madre dijo: «Sí, si tienes algún pecado, lávalo todas las veces que quieras». Dios me permitió que le siguiera e hiciera su voluntad a través de la rápida aceptación por parte de mi familia.

Puede que mis padres no hayan entendido mi conversión religiosa, pero creo que Dios realmente hizo que yo diera ese paso.

Después de terminar la escuela secundaria, quería dedicarme a la vida religiosa para poder ser como las monjas. En ese momento, no tenía experiencia directa de Dios y aún no lo había conocido.

Fui enviada a la Congregación de las Amantes de la Santa Cruz en Phat Diem y mi vocación a la vida consagrada realmente comenzó a crecer. Aunque encontré varias dificultades y desafíos, gracias a la gracia de Dios, estoy en la congregación y soy monja. Hice mis votos perpetuos el 4 de junio de 2022.

Durante 13 años de ser católica, he sido bien atendida por Dios en cuanto a la fe y a los aspectos humanos. Para mí, seguir a Dios es una gracia y un regalo invaluable, que no se puede adquirir con dinero. No es solo oír y ver, sino tocar a Dios, como en la historia de Job en las Escrituras.

Todos los acontecimientos son regalos y todo lo que aprendo en cada situación lo acojo para crecer. Sin el coraje de aceptar lo que nos sucede y aprender, no tendremos experiencia personal de cuál es la voluntad de Dios para cada uno.

La oración y el silencio son mis armas y mi fuerza para superar los retos y obstáculos. Mirando hacia Dios, estoy en paz y feliz y me siento amada. Veo que el cristianismo es la religión del amor y de las personas que se aman. La fuerza de nuestra fe es el amor y si perdemos el sabor del amor, perdemos el carácter de nuestra religión. Es este amor el que me impresiona.

Seguir a Dios no es fácil. Como monja Amante de la Santa Cruz, debo dejar que Dios acote y actué en mi vida. Soy feliz de sufrir dolor sin comprender a veces cuando tengo que cumplir su voluntad.

Si las personas ingresan a las órdenes religiosas en busca de honor, comodidad y progreso, han elegido el lugar equivocado. Quien haya entrado en la vida religiosa y ha elegido ese estilo de vida, está en la dirección equivocada.

Ya no me fijo en otras personas a las que admiro, ya que eso también me distrae y me decepciona porque nadie es perfecto. Me doy cuenta de mis propias debilidades y confío en Jesús y sigo su ejemplo para vivir una vida más perfecta.

También es por haber elegido cumplir la voluntad de Dios que tengo que doblarme y desfigurarme para pasar por el ojo de una aguja. Acepto sólo la desfiguración, no la degeneración, para desprender la delicada fragancia del amor de la cruz de Cristo.

No es una elección sencilla, pero estoy segura de que después de esa elección habrá un gozo profundo y una paz perfecta gracias al apoyo silencioso de Dios.

Otro consuelo que sostiene mi vida es la Palabra de Dios, en la cual encuentro sabiduría y fortaleza. Creo que la Palabra de Dios nunca se equivoca. A pesar de muchas pruebas y tribulaciones, no me avergüenzo ni me arrepiento de haber elegido al Señor para que esté presente en mi vida.

Mi historia de amor con Cristo es larga y no puedo hablar de todo, puesto que es una experiencia personal. Hay muchas cosas que no entiendo, pero una cosa que estoy segura de saber bien: Dios es real, me ama y yo anhelo amarlo. Dedicar mi vida a Él es un regalo precioso e invaluable. Gracias Señor, mi fortaleza.

Therese Nguyen Thi Giang


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