Erik Varden era de origen luterano y ateo, quedó «paralizado» al oír la Resurrección de Mahler y es monje y abad: «Dios me ha tocado e inspirado con un gran deseo de conocerlo»

* «Fue como si mi corazón de repente se abriera a una certeza casi instintiva de que Dios realmente existe. Era algo que me superaba. Una nueva conciencia. Un momento de despertar. Una herida en el corazón… Mi vida se ha convertido en un intento de responder a esta gracia. Hoy aprendo todos los días a rechazar el egocentrismo, arraigándome en una comunidad que me ayuda en mi vocación a la santidad y a dejar mis pecados para encarnar el pensamiento que Dios tenía cuando me creó»

Camino Católico.- Erik Varden es el joven abad del bello monasterio cisterciense de Mount Saint Bernard, en el centro de Inglaterra.  No hace demasiado esto hubiera sido imposible para un noruego, luterano y posteriormente criado en el agnosticismo. Pero a los 15 años su particular y muy llamativo encuentro con Dios le fue llevando primero al catolicismo y luego a la vida religiosa como monje cisterciense.

Este abad afirma que su “alegría aumenta cada día” porque “la experiencia monástica me arraiga en la realidad de mí mismo”. Pero le costó muchos años encontrar esta profunda paz interior de la que disfruta ahora. Y en este proceso están involucrados distintos puntos de la geografía, desde su Noruega natal a sus estudios de Secundaria en Gales, la Universidad de Cambridge, Austria e incluso Roma. Pero este viaje ha merecido claramente la pena.

De origen luterano y de familia secularizada

Según relata al semanario Credere y lo traduc Javier Lozano en Religión en Libertad, Varden nació en 1974 y dos meses después fue bautizado en la Iglesia Luterana. Su abuelo era pastor protestante y seguidor de una corriente muy rigorista. Sin embargo, sus padres se habían alejado completamente de la práctica religiosa hasta llegar al agnosticismo.

“En mi infancia la religiosidad se había reducido a su aspecto formal. Respetar, pero practicar muy poco porque crecí en un ambiente profundamente secularizado”, explica este monje, que recuerda en su infancia que sólo su abuela creía, pero no influyó en él porque vivía a más de 400 kilómetros y apenas la veía dos veces al año.

Fue en la literatura donde el futuro monje un cristianismo alegre. “Buscaba con urgencia un significado para mi vida mientras estaba inmerso en un ateísmo agresivo típico de la adolescencia”, recuerda Erik Varden.

El encuentro con Dios a través de la música de Mahler

Tenía 15 años cuando tuvo el gran encuentro con Dios que cambiaría su vida. Y fue a través de la música, concretamente escuchando la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler que trata sobre la Resurrección.

Aquella noche se encontraba sólo en casa y decidió escuchar esta obra. Para él, “la música siempre ha sido muy importante, como un idioma nativo”. Y sobre Mahler, cuenta que “un amigo de mi hermana me había aconsejado esta sinfonía en particular que, en su último movimiento, comienza con la evocación de un caos primario mientras que, gradualmente, se impone un ritmo”.

“No naciste en vano”. “No has sufrido en vano”. “Te levantarás y vivirás”. Estas palabras pronunciadas por el coro en la sinfonía de Mahler, un judío converso al catolicismo, fueron para este adolescente como un rayo que atravesó su cuerpo.

«Quedé paralizado»

“Fue como si mi corazón de repente se abriera a una certeza casi instintiva de que Dios realmente existe. Era algo que me superaba. Una nueva conciencia. Un momento de despertar. Una herida en el corazón”, señala Erik Varden.

Cuando la música terminó –agrega- “quedé paralizado”.  Pensó que sería mejor pensar sobre aquel increíble momento a la mañana siguiente y si lo que había sentido se difuminaba. Pero la certeza se mantuvo y la herida seguía abierta. Fue entonces cuando decidió lanzarse a explorar sobre la fe.

La primera parada de este viaje fue en Gales, en el colegio Atlantic, donde fue enviado a estudiar en Secundaria. Allí, por primera vez Erik se dio cuenta de que podía hablar de religión porque algunos de sus compañeros eran creyentes.

Empezó a asistir a una iglesia anglicana cada domingo y a la vez descubrió que los monasterios cristianos de los que había leído en las novelas que tanto le gustaban todavía existían y tenían vida.

Erik Varden decidió hacer un retiro de una semana en el monasterio cisterciense de la Isla de Caldey, y supuso para su vida de un punto de no retorno. Él mismo explica que “allí encontré un tipo de vida que correspondía a mi vocación y decidí convertirme en católico”.

Erik, el día en que tomó posesión como abad de este histórico monasterio

Fue mientras estudiaba en la Universidad de Cambridge y obtenía un título de Teología cuando pasó a formar parte oficialmente de la Iglesia Católica, aunque esto ocurrió durante una celebración en Austria, en el monasterio de Klosterneburg, donde vivía un amigo suyo.

Una vocación para la santidad

La abadía de Mount Saint Bernard, donde ahora es abad,  no estaba lejos de la universidad en la que Erik empezó a trabajar. Y en ella empezó a discernir sobre su vocación.

Finalmente, ingresó en el noviciado en el 2002 dejando su prometedora carrera universitaria. “A través de la música de Mahler, Dios me ha tocado y me ha inspirado con un gran deseo de conocerlo y mi vida se ha convertido en un intento de responder a esta gracia”.

Tras ordenarse sacerdote se trasladó a Roma donde estudió en el Pontificio Instituto Oriental y en la Universidad San Anselmo, en las que hizo teología monástica, siríaco y canto gregoriano. Por fin pudo volver a Inglaterra y con tan sólo 41 años fue elegido abad de este histórico monasterio.

“Hoy aprendo todos los días a rechazar el egocentrismo, arraigándome en una comunidad que me ayuda en mi vocación a la santidad y a dejar mis pecados para encarnar el pensamiento que Dios tenía cuando me creó”.

Comentarios 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *